La hélice es el sistema de propulsión más común en los barcos y buques a motor. Se trata de una pieza giratoria montada en el extremo de un eje o árbol de hélice con varias palas, similar a las aspas de un ventilador. Existen muchos tipos de hélice, según el material de confección (hélices de bronce, hélices de aluminio, etc.), según el diseño (hélice de paso fijo, hélice de paso variable, hélice emergente, etc).
La hélice es el medio para transmitir la energía del motor, transformándola en avance cada vez que sus palas efectúan una vuelta completa.
Es el principal medio de propulsión en la mayoría de embarcaciones a motor.
El funcionamiento de la hélice es similar al de las alas de los aviones, cada sección de la hélice es un perfil que actúa provocando diferencias de presión en el flujo entre la cara activa y la pasiva, debido a la forma de las secciones y al ángulo de ataque de las palas.
Se debe conservar una relación entre la potencia del motor y las dimensiones de la hélice.
Se ha de considerar el tamaño de las palas, ya que palas demasiado pequeñas producirán cargas altas implicando que la hélice no sea capaz de absorber toda la potencia transmitida por el motor. Diferentes materiales de construcción ofrecen diferentes prestaciones, el titanio es probablemente el material que ofrece mejores prestaciones, pero el coste y las dificultades para trabajarlo dificultan su aplicación en la construcción naval. A menudo las hélices de tamaño considerable se hacen a medida, los fabricantes disponen del software y los equipos necesarios para orientar su selección.